Salimos a las 9 de Villalba con alguna que otra lágrima contenida, llegamos pronto a Sevilla, sin atascos, aunque no sabíamos lo que nos esperaba tras esa premura.
Los nervios siempre prolongan las esperas, pero las compañías aéreas también; nuestro avión despega con dos horas de retraso.
En el avión se mezclan los nervios, el miedo de algunos y otras emociones, el cosquilleo en el estomago es generalizado, aunque sea sólo al abandonar la tierra firme que dejamos bajo nuestros pies.
Los nervios siempre prolongan las esperas, pero las compañías aéreas también; nuestro avión despega con dos horas de retraso.
En el avión se mezclan los nervios, el miedo de algunos y otras emociones, el cosquilleo en el estomago es generalizado, aunque sea sólo al abandonar la tierra firme que dejamos bajo nuestros pies.
Tras tomar tierra en Reus y dejar nuestro hambre en un local de la franquicia Viena, emprendemos el camino en bus hacia Vielha.
Por el camino algunos duermen, otros charlan, cantan, ríen, fotografían, mientras tanto El Santo cambia de aspecto en la pequeña pantalla del autobús bajo la mirada de sólo unos pocos.
Por nuestras ventanas pasan bosques, montañas, curvas, ríos, embalses, más curvas, un águila; algunos restos del invierno aún se aprecian en los neveros, que descansan en las cumbres esperando el fin de sus días.
El camino se hace eterno, ¿cuando vamos a llegar?. Si queréis podemos parar a descansar. Nooooo, vamos del tirón.
Cuando parece que estamos llegando, parada. Los vehículos no circulan, la impaciencia del fin del viaje se une a la incertidumbre de la ignorancia de los acontecimientos que nos preceden, pero no se alarga demasiado, pocos kilómetros después se abre el valle y nos deja ver los tejados de pizarra de nuestro destino, llegamos a Vielha.
La cena merecida después del largo viaje, una buena lasaña, san jacobo, ensalada y postre que muchos no quieren ni tomar por estar ya saciados.
Es fiesta en LLeida y está casi todo cerrado, paseamos para conocer el pueblo en el que vamos a alojarnos estos días.
Por la noche no todos duermen y algunas habitaciones triples se convierten en sextuples. Por fin a las tres y media parece que la calma se instala en los dormitorios aunque sólo sea un parecer.
Por el camino algunos duermen, otros charlan, cantan, ríen, fotografían, mientras tanto El Santo cambia de aspecto en la pequeña pantalla del autobús bajo la mirada de sólo unos pocos.
Por nuestras ventanas pasan bosques, montañas, curvas, ríos, embalses, más curvas, un águila; algunos restos del invierno aún se aprecian en los neveros, que descansan en las cumbres esperando el fin de sus días.
El camino se hace eterno, ¿cuando vamos a llegar?. Si queréis podemos parar a descansar. Nooooo, vamos del tirón.
Cuando parece que estamos llegando, parada. Los vehículos no circulan, la impaciencia del fin del viaje se une a la incertidumbre de la ignorancia de los acontecimientos que nos preceden, pero no se alarga demasiado, pocos kilómetros después se abre el valle y nos deja ver los tejados de pizarra de nuestro destino, llegamos a Vielha.
La cena merecida después del largo viaje, una buena lasaña, san jacobo, ensalada y postre que muchos no quieren ni tomar por estar ya saciados.
Es fiesta en LLeida y está casi todo cerrado, paseamos para conocer el pueblo en el que vamos a alojarnos estos días.
Por la noche no todos duermen y algunas habitaciones triples se convierten en sextuples. Por fin a las tres y media parece que la calma se instala en los dormitorios aunque sólo sea un parecer.
Hola papá, he conseguido una red en casa de la abuela y lo he visto, parece que te lo estas pasando muy bien, esta noche me ha dicho mamá que nos ibas a llamar.
ResponderEliminarya ablamos. xaooo adios tkm
ola antonio ya veo que te lo estas pasando de puta madre pa que despues digas de la juventud que al primero que le gusta la marcha es a ti gachon y cambiando de tema ¿tu no saldras a tomar cubatas con esta gente? que tu ya no estas pa esos trotes y dile a toa esta gente que se echa mucho de menos a todos
ResponderEliminar