El papa Inocencio X encomienda a Girolamo Rainaldi y a su hijo Carlos el proyecto de construcción de una capilla en el lugar donde se alza el santuario de santa Inés- quizá con el propósito de aprovecharse del buen nombre de la santa para limpiar la reputación de su cuñada Olimpia Maidalchini-o quizás con la intención de covertir la plaza en corte familiar y centro de poder de los Pamphili a partir de la secuencia artística Palacio-fuente-iglesia. En el año 1653 el papa despide a los Rainaldi y le encarga la continuación de la obra a Borromini.
Este arquitecto mantuvo la planta de cruz griega pero realza el tambor de la cúpula y derrumba la fachada reconstruyéndola de nuevo. Impuso a la fachada un movimiento cóncavo muy dinámico, prolongado en dos alas laterales sobre las que se erguían los campanarios exentos que flanqueaban la poderosa cúpula. En enero de 1655 muere Inocencio X y sus herederos detuvieron las obras y despidieron a Borromini.
Reanudadas en 1657, Carlo Rainaldi corrigió la obra de Borromini (¿venganza?), añadió un cuerpo a cada una de las torres, de tal forma que alcanzaron la altura de la cúpula y así anulaban su grandiosidad.
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