Pintor, escultor y arquitecto. Pertenecía a una familia acomodada - su padre Lodovico di Leonardo di Bounarroto Simone era "podestá" de Florencia en esa localidad - que se trasladó a la capital de Toscana a las pocas semanas de nacer el pequeño. Cuando Miguel Ángel tiene seis años fallece su madre; en esos momentos conoce al pintor Francesco Granicci, un mozo de 12 años que le anima a pintar, lo que no será del agrado de Lodovico Buonarroto. Tras algunos años de "lucha" entre padre e hijo, Lodovico da su brazo a torcer y Miguel Ángel ingresa con trece años en el estudio de Domenico Ghirlandaio, con quien aprendería las técnicas del fresco y desarrollaría su extraordinaria capacidad como dibujante. Tras una corta estacia con Ghirlandaio inicia estudios de escultura en el Jardín de los Médici, bajo el patronazgo de Lorenzo "Il Magnifico". Estos años serán de gran felicidad para el joven ya que es acogido como hijo adoptivo por el Magnífico en el palacio Médici, donde vivía con los más destacados miembros del humanismo.

La caída de la familia gobernante de la ciudad, a la que contribuyó decididamente la actuación del clérigo Girolamo Savonarola, provocó la huida del joven artista, primero hacia Venecia y después a Bolonia.En estos años juveniles manifiesta ya una profunda admiración hacia la anatomía que le llevará a acudir casi todas las noches al depósito municipal de cadáveres para practicar disecciones que le permitieran conocer mejor la estructura interna del cuerpo humano.
En el mes de julio de 1496 se traslada a Roma por primera vez. En la Ciudad de los Papas recibirá el encargo de su famosa Pietà del Vaticano y en 1505 el poderoso papa Julio II encarga a Miguel Ángel una tumba con cuarenta figuras, digna de tan elevado personaje. Pero el magno proyecto se vio reducido a la realización del Moisés y los Esclavos. Los caracteres del Papa y del artista eran tan diferentes que los enfrentamientos, a pesar de la mutua y profunda admiración que se manifestaban, no tardaron en aparecer. El propio Miguel Ángel denominará a ese encargo la "Tragedia del Sepulcro". Será el mismo Julio II quien también le encargue su obra maestra: el techo de la Capilla Sixtina, a cuya decoración dedicará cuatro años, entre 1508 y 1512. El trabajo fue agotador ya que no contaba con ningún ayudante y puso de manifiesto el fuerte carácter del maestro agravado por su insatisfacción característica, la escasez de honorarios y las numerosas demandas de ayuda que recibe de su familia, especialmente de su hermano Buonarroto. Tras el fallecimiento de Julio II en 1513, sus herederos reducen el proyecto de sepulcro, lo que supondrá un importante varapalo para el maestro.
Trabajará para el gobierno de la República de Florencia como ingeniero militar, siendo nombrado en 1529 "gobernador general de las fortificaciones" y trasladándose a Pisa, Livorno y Ferrara para comprobar el estado de sus murallas.
En 1534 Miguel Ángel se instala definitivamente en Roma, donde realizará el Juicio Final, en la Capilla Sixtina, por encargo del papa Paulo III, quien le nombra pintor, escultor y arquitecto del Vaticano. En el Juicio Final, Miguel Ángel exhibirá su admiración hacia la anatomía que le llevará a desnudar al propio Cristo, anticipando con sus figuras el Barroco. Pero la reacción moral no se hizo esperar y ya en vida del maestro se empezaron a tapar los cuerpos, siendo Volterra uno de los encargados. Desde 1546 Miguel Ángel se dedica especialmente a la arquitectura; tras fallecer Antonio da Sangallo asume la dirección de las obras de la basílica de San Pedro del Vaticano, compaginando los trabajos con el diseño de la escalinata del Capitolio y el Palacio de los Conservadores.
Fallecó en Roma el 18 de febrero de 1564 a la edad de 89 años. Su sobrino Leonardo llevará en secreto el cadáver del genio hasta Florencia en el mes de marzo, celebrándose solemnes funerales por su alma en la iglesia de San Lorenzo, antes de ser enterrado en Santa Croce.
BERNINI (Gian Lorenzo Bernini, Nápoles, 1598-Roma, 1680)
Escultor, arquitecto y pintor italiano. Bernini es el gran genio del barroco italiano. Aprendió los rudimentos de la escultura en el taller de su padre, Pietro (1562-1629), un escultor manierista de cierto relieve. Fue también su padre quien lo puso en contacto con algunos de los mecenas más importantes de su tiempo, lo que le permitió manifestar su talento de una forma bastante precoz.

En 1629, Bernini fue nombrado arquitecto de la basílica de San Pedro por el papa Urbano VIII. Desde entonces hasta su muerte trabajó ininterrumpidamente para los sumos pontífices, salvo un cierto paréntesis durante el pontificado de Inocencio X, quien prefirió a otros artistas y le encargó pocas obras.
Aunque en menor medida, Bernini trabajó también para mecenas privados, y fruto de esa colaboración es la obra quizá más representativa de su estilo escultórico, el Éxtasis de santa Teresa.
BORROMINI(Francesco Castelli- Lombardía 1599- Roma 1667)
Hijo de un modesto cantero, comenzó ayudando a su padre en las canteras, aunque a los veinte años marchó a Roma donde aprendería de la mano de Carlo Maderno, pasando poco tiempo después al equipo de G. L. Bernini. Comenzaría entonces una doble biografía paralela entre ambos arquitectos, llena de rivalidad y enemistades, en la que la figura de Bernini aparece siempre como la imagen del triunfador al que le sonríe la fortuna, y Borromini como la antítesis, el hombre atormentado, que presa de su propio carácter se verá siempre a la sombra de Bernini, lo que terminará acabando primero en la frustración y finalmente en el suicidio.
En realidad, Borromini era lo que en su tiempo se consideraba un hombre melancólico, es decir, un hombre meditabundo, huraño en muchas ocasiones, de frecuentes accesos de ira y de una personalidad que entronca perfectamente con el espíritu del barroco: apasionado, inestable, impredecible y ofuscado. Aunque genial. Su obra, transforma completamente el panorama de la arquitectura romana de la época, introduciendo una serie de innovaciones formales que establecen las bases de lo que será el nuevo estilo barroco. Especialmente su nuevo concepto del espacio, basado en la plasticidad de los muros alabeados que parecen ensancharse y estrecharse a voluntad del diseñador; la movilidad de sus formas, con sus estructuras curvas, sus juegos de luces y el complemento aparatoso de la decoración; la centralización de los espacios, gracias a sus plantas centralizadas de trazados sorprendentes y el remate de sus cúpulas, y en fin, un criterio constructivo grandilocuente, monumental y espectacular, en el que no falta ese otro ingrediente característico del nuevo estilo, fundado en la teatralidad que se le otorga al concepto arquitectónico, convertido las más de las veces en un gigantesco escenario de cara al espectador.
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